lunes, julio 24, 2006

Tras el silencio

Un largo silencio se hizo con la vida del caballero. Pero poco a poco, el viento empezó a transportar sus susurros de nuevo. Sus frases mecían las hojas de los árboles del camino, causando que las ramas murmullaran al sentirse acariciadas de nuevo por cada una de las palabras.

Pero el silencio no significó otra cosa que un espacio de tiempo en el que su vida tenía que cambiar. El tiempo robado dió lugar a la falta de expresión, pero dejó paso a un mundo nuevo, con gente nueva, e incluso con un idioma nuevo.

Así, lejos de su hogar, el caballero empezó a reflejar sus sentimientos en cada una de las cortezas de los troncos que a su camino se encontraba. Uno por uno, los fue marcando, dándoles nombre a cada uno de ellos, recordando para sí cada una de las formas que iba dibujando.

Al final del camino, sabía que estaba su hogar. Una vez más, no supo a qué distancia, ni a cuánto tiempo, pero tenía claro dónde tenía que llegar. Mientras caminaba, era consciente que cada paso que avanzaba significaba poner piedra sobre piedra en la que muy pronto sería su nueva casa.

martes, marzo 14, 2006

La Fuerza de la Lluvia

Alzó la mirada al cielo, y vió como miles y miles de gotas caían desde el infinito para golpear su cara con fuerza. Entonces cerró los ojos. La tranquilidad inundó su espíritu. Sólo estaba él y el sonido de la lluvia. Lo único que alteraba esa situación de tranquilidad, eran los pequeños impactos del agua en su piel.

Llevaba días lloviendo sin parar. Aún así, el caballero seguía su viaje, pues sabía que la lluvia lo único que hacía era limpiar el camino de todo lo que hubiera, claro que también conocía sus peligros. En el momento en el que su camino fuera de roca, ésta se volvería mortalmente resbaladiza, y tendría que andar con pies de plomo para no caer y lesionarse. Y en el momento en el que su trayecto se enlodazara, sus pasos se volverían más lentos, incluso le costaría dar el siguiente. Le daba lo mismo. Seguiría lloviendo, y él seguiría andando.

Volvió a abrir los ojos, y miró hacia delante. Una gran cortina de agua, la misma que ahora mismo empapaba su vestimenta, hacía invisible el camino, tornándolo un misterio que sólo podría desvelar tras cada paso que diera.

La lluvia le aclaró las ideas. Hacía lenta y fatigosa su marcha, incluso le cegaba por momentos. Aún así, dió su siguiente paso, decidido a continuar y a encontrar un refugio donde esperar que el tiempo amainase.

domingo, marzo 05, 2006

Las Aguas del Tiempo

Caminé durante días... no sé cuánto tiempo estuve en silencio, sin mantener contacto alguno con nada. Sólo caminé y caminé, siguiendo el camino que mis propios pasos marcaban. Lo único que me acompañaba en mi camino era el sonido de las aguas de aquél río que fluía a mi vera, el río del Tiempo, al que yo intentaba seguir por su cauce, a ver si al final me deparaba alguna cosa interesante. Y aunque sigo andando, día tras día, hora tras hora, aún no he encontrado nada.

Tan sólo las hadas que se escondían entre los juncos me dirigieron la palabra durante mi travesía. Susurraban que siguiera el cauce del río, que mi destino estaba cerca. Pero aquellas voces que invadían mi cabeza y que me sugestionaban a continuar caminando río abajo, no eran más que mi propia imaginación que me traicionaba a causa de la fatiga. Y aún así, les hacía caso.

Mientras viajaba, sólo pensaba en el caos que son capaces de provocar las aguas del tiempo. Tan pronto pueden destruir la materia, erosionándola suavemente mediante caricias mortales en la roca, o tan pronto pueden transportar la más tierna semilla caída en su cauce hasta una orilla segura donde poder germinar y dar vida.

Roca o semilla, las aguas del tiempo serán las que decidan cuál será mi sino.

miércoles, marzo 01, 2006

Soledad y Sociedad

Estás rodeado de gente. Alrededor tuyo, todo son voces que vienen y van, murmullos, gritos, risas, llantos, personas que se cruzan, que hablan, que se besan, discuten, niños jugando... pero tú... te sientes solo.

La soledad que te inunda es totalmente independiente del mundo que te rodea. Aunque éste está lleno de gente, es como si tu corazón no los viera. Es una sensación como si esperaras que una persona venga y le diga a tu corazón "hola, estoy aquí". Pero esa persona no acaba de llegar.

Pero también te da cosas buenas, ese sentimiento. Te hace sentir que tienes todo el tiempo del mundo para pensar en el por qué de las cosas, en el por qué has llegado a ese estado de incomunicación con el mundo, y en el cómo hacerle frente. Y mientras piensas, esa persona que tanto añorabas viene, y te dice "hola... estoy aquí". En ese momento, sale el sol de nuevo para tí. Es esa sensación la que te hace valorar lo que acabas de conseguir.

No es fácil encontrar el camino cuando estás perdido y eres un niño que se ha soltado de la mano, pero siempre hay alguien que te encuentra y te ayuda a que tu vida sea algo más fácil.

martes, febrero 28, 2006

Reencuentro con la Dama

Anoche vi otra vez a mi Dama. Estaba envuelta en un halo dorado, y caminaba con semejante gracia que parecía que flotaba. Parecía un ángel. Cualquiera hubiera dicho que aquella maravilla que se presentaba ante mí hubiese sido un día origen de mi malestar.

Tuve oportunidad de recordar junto a ella los tiempos en la Burbuja, y ambos tuvimos la ocasión de reconocer ciertos errores que hacían que aquel espacio se cerrara más y aumentara nuestra claustrofobia. Y en uno de aquellos instantes en los que parecía que todo iba bien, en una agradable charla, sentí como si mil agujas pincharan a la vez mi corazón, pues pude observar como sendas lágrimas se deslizaban desde sus ojos para recorrer la suavidad de la piel de toda su cara. Nunca me había gustado verla llorar, pero es que en ese momento, la sensación de angustia fue mucho peor de lo habitual, pues sabía que lo hacía por un sentimiento que teníamos en común, un sentimiento que se empezaba a parecer a una añoranza por el mundo de la Burbuja.

Mi corazón aún ama con locura a la Dama, pero mi cabeza me repite una y otra vez que ese no es el mundo en el que debo vivir, pues dentro de la Burbuja todo se ve diferente. Pero dentro de mí, sé que algún día la lucha entre mi cabeza y mi corazón cesará, y vivirán en perfecta harmonía sabiendo que han encontrado un punto medio donde poder convivir en paz.

domingo, febrero 26, 2006

Lo llaman tiempo

Tiempo. Es el elemento que más veces se nos cruza en el transcurso de la vida. Un elemento que no siempre somos capaces de medirlo en horas, minutos o segundos, sino que a veces nos conformamos con tan sólo llamarlo "tiempo".

Cuando la gente está indecisa, pide tiempo. ¿Acaso el tiempo decide las cosas?. Cuando alguien está dolido, piensa que el tiempo lo curará. ¿Qué milagro curativo es ese?. Y cuando haces algo que aparentemente no sirve de nada, en cambio, pierdes el tiempo. ¿Y donde va a parar cuando lo pierdes? El tiempo es abstracto, indefinido, no sabemos si pasa lento, o si pasa rápido, incluso hay veces que no parece siquiera que pase. ¿O nunca escucharon "parece que para ti no pase el tiempo"?

Es irrefrenable, no se detiene por nada ni por nadie. Nunca va hacia atrás, siempre adelante. Y se lleva todo lo que encuentra por delante. Y yo me pregunto... ¿esa que acabo de dar no es la descripción de cualquier desastre natural? ¿Quiere decir eso que el tiempo acabará con nosotros? Bueno, en cierto modo así es... "Los estragos del tiempo", lo llaman.

Ayer planté una semilla en mi vida. Y como con todo, he de esperar para verla brotar. Sólo el tiempo es capaz de decirme de qué color va a ser mi árbol. Pero es irónico, porque para que el tiempo me lo diga, lo voy a tener que dejar pasar. Ante la espera me considero una persona impaciente, y el tiempo es tan tan volátil pero a la vez tan eterno... que no me gusta.

jueves, febrero 23, 2006

Estudio y Distracción

Viajando a lomos de su caballo, el valeroso caballero tuvo que hacer uso de todas sus habilidades para abrirse paso entre sus más temidos enemigos. Aquel día, de camino al Castillo de la Sabiduría y el Conocimiento, tuvo que entablar combate con Sueño, Aburrimiento y Holgazanería, bandidos conocidos en todo el reino. Iba poco armado, a duras penas protegido por armadura, y el tiempo corría en su contra. Era consciente de que cada minuto que pasaba, el objetivo que tanto ansiaba al llegar al castillo, quedaba más y más lejos. Pero la perseverancia era su escudo y el ansia de obtener el éxito era su lanza. Sus ambiciones eran puras y su valor incalculable. Pero aún así, por momentos tuvo miedo.

Sólo la idea de caer rendido antes semejantes bestias, le hacía embestir una y otra vez, con golpes cargados de voluntad divina. La contienda era como una danza de titanes, donde ambas partes ondeaban sus armas en un intento de abatir al contrario.

Tras una larga y encarnizada lid, el caballero, herido de gravedad por sus enemigos, cayó del caballo, y arrodillado en el suelo, tomó aire para cargar con sus últimas fuerzas a sus tres enemigos, ya exhaustos por la dura lucha...

miércoles, febrero 22, 2006

Durmiendo con la Ira

Lo recuerdo como si hubiera sido real. En mi sueño, la Ira acumulada dentro de mí, cobraba forma corpórea, y se levantaba ante mí. Y tras engullirme, tomaba el control de mis acciones, de mis pensamientos y de mis armas. Poseído por la Ira, embestía con todo lo que se cruzaba por mi camino. Cosas y personas, queridas o no.

Tan sólo armado con un mandoble a dos manos afilado por palabras mortíferas, con los ojos vendados por el rencor y los oídos taponados por el odio, era capaz de cargar contra seres queridos, hiriendo en los puntos más dañinos, sin conocimiento alguno de cuan profunda podía ser la herida. Podía destrozar cuanto pisaba, y remataba a mis víctimas con rugidos dignos del más furioso de los tigres.

Tras la matanza, la Ira me abandonaba. Y me dejaba en el suelo, con tan sólo la fuerza suficiente como para poder levantar la cabeza y observar la desgracia a mi alrededor. Un escenario derruido por una batalla, con seres amados agonizando de dolor por el suelo. Y mientras todo ardía a mi alrededor, yo sólo podía llorar y echarme las manos a la cabeza, pero sin posibilidad alguna de tirar el tiempo hacia atrás.

Afortunadamente, sólo fue un sueño. Voy armado con la espada de la palabra, pero también me protejo con el escudo de la paciencia. Miro con los ojos de la razón y escucho con el oído de la sabiduría. Y rezo cada día para que ninguna de estas cualidades me abandone, pues sé con seguridad que mi pesadilla tomaría las riendas de mi existencia.

martes, febrero 21, 2006

Decisión

Y su sombra se levantó y le dijo: "¡No estáis sólo, ni perdido! ¡Podéis contar conmigo!". Y el valiente caballeró contestó, con voz firme: "No me es necesaria vuestra compañía para seguir el camino de mi vida. Gracias, pero me las arreglaré por mis propios medios. No necesito de vuestra confianza para llegar dónde quiero". Y así, tras aquella escena que el caballero no supo diferenciar si real o si alucinación, prosiguió su marcha, con paso decidido, la cabeza alta, y sin pensar en qué impedimentos podría encontrar ante sí.

Si en aquel momento alguien se hubiera puesto en su camino, lo hubiera apartado. Si le hubieran intentado convencer de que que diera media vuelta, no lo hubiera escuchado. Incluso si le hubieran obstruído el camino, hubiera hecho uso de su habilidad para sortear el obstáculo. Con la fuerza de un león y la decisión del halcón que se dirige en picado hacia su víctima, emprendió de nuevo el viaje hacia lo que en un principio parecía un desconocido futuro.

Aprisa, pues había perdido mucho tiempo. Y esta vez no pensó en quién podía ayudarle, ni en qué podía entretenerse para hacer más ameno el camino. Ni siquiera dió cuenta a la manera en la que debía caminar para llegar a su destino. Sólo pensó en el sitio al que quería llegar. Pensó con fuerza cuál sería su meta, su futuro.

Y echó a correr.

lunes, febrero 20, 2006

La Sombra del Espejo

Hoy me miré en el espejo. Y aunque las razones de éste son nobles, e intentan reflejarme con todo detalle y realismo, no son sino mis ojos los que estan mirando la sombra que allí dentro se haya. Un reflejo que nosotros no somos capaces de ver como se nos muestra, sino como queremos verlo, una sombra difuminada de la realidad.

Un espejo, que nos muestra una imagen de cómo no debería importarnos ser, pero nosotros no somos capaces de verla. Nosotros observamos, bajo mirada atenta, esas cicatrices de guerra que nos deja la edad, o esos músculos que no hemos sabido trabajar en combate, esos ojos que nos gustaría que fuesen de otro color, el pelo, la nariz, la panza, las piernas... todo. Vemos lo que no vemos. La pregunta es: ¿Vemos lo que no tenemos o vemos lo que tienen los demás?. ¿Es acaso bueno parecerse a los demás? Entonces, ¿por qué ansiamos lo que nos falta?

Pero esa sombra no nos engaña. Esa sombra refleja el mundo como es. Pero a nosotros no nos agrada. Son nuestros ojos traicioneros los que nos mienten, y nos quieren mostrar un mundo donde todo es aparentemente mejor, donde seríamos aparentemente más felices y donde todo el mundo nos querria aparentemente más. Pero todo es aparente.

La única razón por la que quisiéramos cambiar es para dejar de escuchar las mentiras que nos cuentan cada día nuestros ojos. Aunque digamos que es por sentirnos mejor. Si decimos semejante tontería es porque nuestros ojos nos incitan a ello. ¿Pues no es feliz el ciego con su aspecto? Si lo es, y el espejo en su caso le sigue mostrando su reflejo. Pero no tiene esa mirada mentirosa de la que todos somos presos.

Así que, al mirarnos al espejo, no hemos de mirar la sombra que nuestros ojos nos enseñan, sino el reflejo que éste nos muestra.

domingo, febrero 19, 2006

Fiesta Medieval

No hubo páramo helado. Tras vagar por el tiempo, el espejismo de ir donde la nieve todo lo cubre, se fue desvaneciendo minuto tras minuto. Pero mientras la idea se iba difuminando con el tiempo, otro plan surgió de la nada.

Al final, fui a una feria medieval. Todo un pueblo decorado de manera festiva, cientos de paradas donde cientos de mercaderes hacían alarde de sus mercancías, calles llenas de aldeanos que buscaban donde poder gastar sus jornales. Había todo tipo de mercancías, desde los más bellos arcos y las más afiladas espadas, hasta los más exquisitos manjares y dulces pasteles, pasando por una variopinta selección de artículos de artesanía.

Pude ver como los trobadores danzaban y tocaban instrumentos propios de su época, y cómo grupos de comediantes hacían sus funciones ante la mirada atónita de todos su público. También pude estar presente en subastas de esclavos y de concubinas, y en justas donde jinetes que no temían a la muerte se intentaban tirar de sus caballos con lanzas enormes.

Puedo decir que Manresa me ha parecido un pueblo curioso, en sus fiestas medievales. Repetiré el año que viene, seguro.

sábado, febrero 18, 2006

El Santo Grial

Cuenta la leyenda que el Santo Grial, cáliz con el que José de Arimatea recogió la sangre de Cristo crucificado, otorga la vida eterna y tiene milagrosos poderes curativos. Así lo han creído muchas civilizaciones, y su búsqueda se ha convertido en fuentes de leyendas y de historias fantásticas. Eran personas que buscaban ese poder que les diera la felicidad eterna. Pues bien, yo creo que cada persona tenemos nuestro "Santo Grial" propio.

Nuestra vida no es más que una búsqueda más del Santo Grial, de nuestra felicidad personal. Algunas personas quieren encontrar un Santo Grial que sea dorado, con miles de piedras preciosas para poder venderlo a cambio de una vida de lujo. Para otras, es simplemente una copa con la que compartir una cena, rodeado de personas que le aman. Otras, en cambio, piensan que la fama y la gloria al conseguir su objetivo les hara conseguir el sagrado cáliz de la felicidad.

La gente normalmente sabe cuál es el camino para conseguirlo, saben qué cosas les hacen felices y cuáles de ellas no. Siguiendo el camino adecuado, es relativamente fácil encontrar el Santo Grial de cada uno.

Pues yo siento que me he perdido en el camino. Pero me digo a mí mismo: "Encuéntra el camino y cuando lo hagas, te sentirás más cerca de tu Santo Grial que nunca".

viernes, febrero 17, 2006

Destino: Páramo Helado

Hoy me desperté pensando en conseguir un caballo. Un compañero de batalla, un amigo que en los malos momentos sea el que te deje cabalgar sobre su espalda, descansar mientras él vigila el camino. Hay muchos caballos salvajes por el mundo, pero hay que llamarles la atención para que sepan que existes y que quieres cuidar de ellos.

Tras pensar un rato a qué quería dedicar el fin de semana, he decidido que viajar al norte, allí donde la nieve todo lo cubre, sería una buena manera de empezar mi nueva historia. Así que, ni corto ni perezoso, he pasado toda la tarde intentando localizar algún espíritu de esos salvajes que estuviera dispuesto a vivir aventuras con un caballero desarmado.

Al final, como todo hombre que pelea por un propósito determinado, conseguí lo que quería. Encontré con quién compartir hazañas en el terreno helado. Mañana, si todo va bien, sabré seguro si el séptimo dia del Señor lo podré pasar en páramos fríos.

Pero no todo había de ser tan fácil. Durante el día, he sentido como la voz de la Dama de la Burbuja me llamaba. Es una pelea psicológica que debo superar. Sé que si no lucho contra ello, aunque me duela, podría verla reflejada en el hielo.

Caballero, sé valiente.

jueves, febrero 16, 2006

La Dama y la Burbuja

Cuando estás en ese pequeño mundo con tan sólo dos habitantes, compartes incluso el aire que respiras con la persona a la que amas. Esa persona que lo es todo para ti, tanto, que olvidas que estás dejando atrás un mundo lleno de gente. Para mí, esa persona era la Dama de la Burbuja.

Al principio, no había burbuja. Todo era pasión, libertad, dos almas que se conocían día tras día. Pero poco a poco, una burbuja se empezó a formar alrededor de nuestras vidas, una burbuja que dejaba que las cosas importantes se quedaran atrás, una tras otra, dejando paso así a un mundo con una cubierta cristalina, con sólo dos habitantes: un caballero y una dama.

A medida que pasaba el tiempo, el escudo que protegía nuestras vidas, sólo dejaba salir cosas. Cuando inviertes más tiempo en la Dama que en alimentar a tu caballo, éste se va por su propio pie. Así es como vuela la amistad. Al huir de casa para vivir con la Dama, pierdes tu armadura, tu hogar. Y cuando dejas de usar el arte de la palabra con diferentes personas de tu entorno, pierdes tus armas. Así es como una Dama desarma a un Caballero.

Desarmado, indefenso y encerrado en una burbuja de cristal, el caballero que antaño vivía aventuras haciendo alarde de sus armas y siempre contando con su caballo, infatigable compañero de fatigas, fue entregando su alma a esa Dama que le hechizaba, cada día más. Durante seis largos años, estuve preso en la Burbuja.

Desde dentro, se veia el mundo exterior. Oportunidades de vivir aventuras, de viajar, pura sangres dispuestos a correr por la vida de su jinete, incluso gráciles corceles blancos que trotaban con gracia, todos ellos se veían a través de las cristalinas paredes de mi mundo. Pero siempre estaban fuera. Por mi Dama, se quedaron fuera.

Cuando los muros transparentes empezaron a nublarse, es cuando me dí cuenta de la belleza del mundo exterior. La Dama de la Burbuja, presa de celos y de miedo por que su caballero se sintiera tentado por el mundo que allí aguardaba, lanzó un hechizo para que los muros se cubrieran de una espesa niebla, y que brazos y piernas se enredaran con tensas cuerdas que apenas dejaban respirar. Una magia que me obligaba a mirar a la Dama por toda la eternidad.

Pero aquí estoy. Fuera ese mundo encantado, pese a mi amor por esa bella Dama que hechizaba mi vida. Aún maniatado, ciego y desarmado, fui capaz de luchar por una vida mejor, hasta que ciego por la rabia, sin saber bien bien cómo, si por voluntad de la Dama o por voluntad propia, me vi fuera de la Burbuja encantada.

Desnudo, desarmado y a pie. Pero con valor para afrontar la realidad.

El regreso del Caballero

Un caballero es alguien que vive en el mundo para hacer el bien a otras personas, cabalgando sobre su caballo, luciendo una poderosa armadura donde esconder su frágil cuerpo, y blandiendo armas bendecidas por fuerzas sobrenaturales. Mi caballo siempre habían sido mis amigos, viajábamos siempre en la misma dirección, mi armadura, mi casa, que me protegía en los malos momentos, y mis armas, la bondad, la sinceridad y las buenas palabras.

Pues bien. Hace seis años que dejé de ser un caballero. Seis años que dejé de serlo en este mundo, me refiero. Me metí en un mundo mucho más pequeño, una especie de burbuja donde sólo cabían dos personas. Sin caballo, sin armadura, y lo que es peor, desarmado por una mujer, para hacer uso en mi contra de mis propias armas. Cuando peleas por tus armas y ves que son inútiles durante tanto tiempo, acabas olvidando como blandirlas.

Pero cuando amas a alguien, no te importa que la burbuja te encierre, que no te deje respirar el aire del mundo exterior, porque todo lo que necesitas - o lo que parece que necesitas - está en el interior.

Dentro de la burbuja no oyes, no hueles y no ves. Todo lo haces a ciegas. Si eliges bien la compañía, puede que tengas suerte, pero yo no lo hice. Y la burbuja se ha roto.

Cuando la burbuja se rompió me di cuenta que lo que mi familia me decia no lo oía. Lo que me enseñaban mis amigos no lo veía y no olía que nada de esto podía pasar. Ahora, tras haber dejado que las personas que realmente me querían se quedaran atrás, me enfrento a un mundo grande, el mundo de fuera de la burbuja.

Empezar de nuevo es complicado. Pero aun sin armas, sin armadura y sin caballo, un caballero sigue siendo un caballero. Y pienso tomar las riendas de mi vida de nuevo, aunque aún no sepa cómo.