Fiesta Medieval
No hubo páramo helado. Tras vagar por el tiempo, el espejismo de ir donde la nieve todo lo cubre, se fue desvaneciendo minuto tras minuto. Pero mientras la idea se iba difuminando con el tiempo, otro plan surgió de la nada.Al final, fui a una feria medieval. Todo un pueblo decorado de manera festiva, cientos de paradas donde cientos de mercaderes hacían alarde de sus mercancías, calles llenas de aldeanos que buscaban donde poder gastar sus jornales. Había todo tipo de mercancías, desde los más bellos arcos y las más afiladas espadas, hasta los más exquisitos manjares y dulces pasteles, pasando por una variopinta selección de artículos de artesanía.
Pude ver como los trobadores danzaban y tocaban instrumentos propios de su época, y cómo grupos de comediantes hacían sus funciones ante la mirada atónita de todos su público. También pude estar presente en subastas de esclavos y de concubinas, y en justas donde jinetes que no temían a la muerte se intentaban tirar de sus caballos con lanzas enormes.
Puedo decir que Manresa me ha parecido un pueblo curioso, en sus fiestas medievales. Repetiré el año que viene, seguro.


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