Las Aguas del Tiempo
Caminé durante días... no sé cuánto tiempo estuve en silencio, sin mantener contacto alguno con nada. Sólo caminé y caminé, siguiendo el camino que mis propios pasos marcaban. Lo único que me acompañaba en mi camino era el sonido de las aguas de aquél río que fluía a mi vera, el río del Tiempo, al que yo intentaba seguir por su cauce, a ver si al final me deparaba alguna cosa interesante. Y aunque sigo andando, día tras día, hora tras hora, aún no he encontrado nada.Tan sólo las hadas que se escondían entre los juncos me dirigieron la palabra durante mi travesía. Susurraban que siguiera el cauce del río, que mi destino estaba cerca. Pero aquellas voces que invadían mi cabeza y que me sugestionaban a continuar caminando río abajo, no eran más que mi propia imaginación que me traicionaba a causa de la fatiga. Y aún así, les hacía caso.
Mientras viajaba, sólo pensaba en el caos que son capaces de provocar las aguas del tiempo. Tan pronto pueden destruir la materia, erosionándola suavemente mediante caricias mortales en la roca, o tan pronto pueden transportar la más tierna semilla caída en su cauce hasta una orilla segura donde poder germinar y dar vida.
Roca o semilla, las aguas del tiempo serán las que decidan cuál será mi sino.


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