lunes, julio 24, 2006

Tras el silencio

Un largo silencio se hizo con la vida del caballero. Pero poco a poco, el viento empezó a transportar sus susurros de nuevo. Sus frases mecían las hojas de los árboles del camino, causando que las ramas murmullaran al sentirse acariciadas de nuevo por cada una de las palabras.

Pero el silencio no significó otra cosa que un espacio de tiempo en el que su vida tenía que cambiar. El tiempo robado dió lugar a la falta de expresión, pero dejó paso a un mundo nuevo, con gente nueva, e incluso con un idioma nuevo.

Así, lejos de su hogar, el caballero empezó a reflejar sus sentimientos en cada una de las cortezas de los troncos que a su camino se encontraba. Uno por uno, los fue marcando, dándoles nombre a cada uno de ellos, recordando para sí cada una de las formas que iba dibujando.

Al final del camino, sabía que estaba su hogar. Una vez más, no supo a qué distancia, ni a cuánto tiempo, pero tenía claro dónde tenía que llegar. Mientras caminaba, era consciente que cada paso que avanzaba significaba poner piedra sobre piedra en la que muy pronto sería su nueva casa.