martes, marzo 14, 2006

La Fuerza de la Lluvia

Alzó la mirada al cielo, y vió como miles y miles de gotas caían desde el infinito para golpear su cara con fuerza. Entonces cerró los ojos. La tranquilidad inundó su espíritu. Sólo estaba él y el sonido de la lluvia. Lo único que alteraba esa situación de tranquilidad, eran los pequeños impactos del agua en su piel.

Llevaba días lloviendo sin parar. Aún así, el caballero seguía su viaje, pues sabía que la lluvia lo único que hacía era limpiar el camino de todo lo que hubiera, claro que también conocía sus peligros. En el momento en el que su camino fuera de roca, ésta se volvería mortalmente resbaladiza, y tendría que andar con pies de plomo para no caer y lesionarse. Y en el momento en el que su trayecto se enlodazara, sus pasos se volverían más lentos, incluso le costaría dar el siguiente. Le daba lo mismo. Seguiría lloviendo, y él seguiría andando.

Volvió a abrir los ojos, y miró hacia delante. Una gran cortina de agua, la misma que ahora mismo empapaba su vestimenta, hacía invisible el camino, tornándolo un misterio que sólo podría desvelar tras cada paso que diera.

La lluvia le aclaró las ideas. Hacía lenta y fatigosa su marcha, incluso le cegaba por momentos. Aún así, dió su siguiente paso, decidido a continuar y a encontrar un refugio donde esperar que el tiempo amainase.

domingo, marzo 05, 2006

Las Aguas del Tiempo

Caminé durante días... no sé cuánto tiempo estuve en silencio, sin mantener contacto alguno con nada. Sólo caminé y caminé, siguiendo el camino que mis propios pasos marcaban. Lo único que me acompañaba en mi camino era el sonido de las aguas de aquél río que fluía a mi vera, el río del Tiempo, al que yo intentaba seguir por su cauce, a ver si al final me deparaba alguna cosa interesante. Y aunque sigo andando, día tras día, hora tras hora, aún no he encontrado nada.

Tan sólo las hadas que se escondían entre los juncos me dirigieron la palabra durante mi travesía. Susurraban que siguiera el cauce del río, que mi destino estaba cerca. Pero aquellas voces que invadían mi cabeza y que me sugestionaban a continuar caminando río abajo, no eran más que mi propia imaginación que me traicionaba a causa de la fatiga. Y aún así, les hacía caso.

Mientras viajaba, sólo pensaba en el caos que son capaces de provocar las aguas del tiempo. Tan pronto pueden destruir la materia, erosionándola suavemente mediante caricias mortales en la roca, o tan pronto pueden transportar la más tierna semilla caída en su cauce hasta una orilla segura donde poder germinar y dar vida.

Roca o semilla, las aguas del tiempo serán las que decidan cuál será mi sino.

miércoles, marzo 01, 2006

Soledad y Sociedad

Estás rodeado de gente. Alrededor tuyo, todo son voces que vienen y van, murmullos, gritos, risas, llantos, personas que se cruzan, que hablan, que se besan, discuten, niños jugando... pero tú... te sientes solo.

La soledad que te inunda es totalmente independiente del mundo que te rodea. Aunque éste está lleno de gente, es como si tu corazón no los viera. Es una sensación como si esperaras que una persona venga y le diga a tu corazón "hola, estoy aquí". Pero esa persona no acaba de llegar.

Pero también te da cosas buenas, ese sentimiento. Te hace sentir que tienes todo el tiempo del mundo para pensar en el por qué de las cosas, en el por qué has llegado a ese estado de incomunicación con el mundo, y en el cómo hacerle frente. Y mientras piensas, esa persona que tanto añorabas viene, y te dice "hola... estoy aquí". En ese momento, sale el sol de nuevo para tí. Es esa sensación la que te hace valorar lo que acabas de conseguir.

No es fácil encontrar el camino cuando estás perdido y eres un niño que se ha soltado de la mano, pero siempre hay alguien que te encuentra y te ayuda a que tu vida sea algo más fácil.